La Iglesia de Santa Ana: un gigante de piedra en el centro del pueblo

¿Puede una iglesia esconder el alma de todo un pueblo en sus muros? Al cruzar el umbral de Santa Ana, el bullicio de Herrera desaparece para dar paso a un silencio majestuoso que custodia casi 600 años de maestría en piedra. Un prodigio de cantería lebaniega y trasmerana.

La Iglesia Parroquial de Santa Ana es el corazón indiscutible de Herrera de Pisuerga. Su edificación comenzó a principios del siglo XV, alcanzando un hito fundamental en 1425, año en que maestros canteros procedentes de Liébana concluyeron sus espectaculares bóvedas. Este templo no es solo un edificio, sino un «organismo vivo» que creció durante siglos: desde su estructura gótica original hasta la imponente torre de 1659, obra de los canteros cántabros Andrés de Carandil y Andrés Prieto, quienes esculpieron la piedra traída de las canteras de Becerril del Carpio y Villaescusa de Ecla.

En su interior, el viajero se encuentra con un tesoro ornamental acumulado con paciencia:

  • El Retablo Mayor (1671): Una obra maestra del barroco coordinada por Lorenzo Vélez y Pedro Solano, con la fuerza escultórica de Andrés de Monasterio.
  • Herencia Franciscana: El altar de San Antonio, rescatado del desaparecido convento de San Bernardino, aporta un valor histórico añadido.
  • Joyas Escultóricas: No puedes perderte el altar de la Virgen del Rosario ni la Virgen de la Piedad (finales del siglo XV). Esta última, ubicada en el altar de la Vera Cruz, es una talla de calidad excepcional que sobrevive como testimonio de altares ya desaparecidos.

¡Explora el legado de los maestros canteros! Si quieres conocer de cerca los detalles de su construcción y la simbología de sus altares, no dejes de pasarte por el punto de información turística de esta villa palentina.