En agosto muchas familias vuelven al pueblo y es habitual que surjan conversaciones sobre las viviendas de padres, abuelos u otros familiares que ya no se utilizan. Casas que han pasado a varios herederos y que, con el paso del tiempo, permanecen cerradas porque no se ha conseguido llegar a un acuerdo sobre qué hacer con ellas.
A veces uno de los propietarios quiere vender, otro prefiere conservar la vivienda, otro considera que habría que reformarla antes de tomar una decisión y alguno, sencillamente, no quiere ocuparse del asunto. No siempre existe un conflicto abierto. Simplemente, nadie consigue dar el siguiente paso. Y mientras tanto, la vivienda no se utiliza, no se reforma, no se alquila y tampoco se vende.
Cuando una situación así se prolonga, es fácil pensar que las únicas alternativas son mantener las cosas como están o terminar en los tribunales. Pero no tiene por qué ser así. Existen mecanismos legales para ayudar a desbloquear estas situaciones y buscar acuerdos entre los propietarios sin necesidad de convertir una cuestión patrimonial en un problema familiar.
Uno de ellos es la mediación. Se trata de un proceso en el que una persona imparcial, el mediador, ayuda a las partes a exponer sus intereses, entender las distintas posiciones y buscar posibles soluciones. No todos los profesionales de la abogacía son mediadores: para ejercer esta función es necesaria una formación específica. Por eso, cuando se plantea esta vía, es importante acudir a un profesional que cuente con la preparación adecuada.
La mediación no consiste simplemente en intentar que todos estén de acuerdo. En este tipo de situaciones, el conocimiento de la legislación también es importante. Un profesional especializado puede ayudar a las partes a conocer qué alternativas existen y qué acuerdos pueden articularse legalmente, combinando el acompañamiento propio de la mediación con el conocimiento jurídico necesario para encontrar una salida viable.
Las posibilidades SÍ que existen
Y una vez desbloqueada la situación, pueden aparecer distintas posibilidades. Tal vez uno de los propietarios quiera quedarse con la vivienda y adquirir la parte de los demás. Quizá la mejor opción sea venderla. O puede que, una vez alcanzado el acuerdo, tenga sentido reformarla y ponerla en alquiler. Lo importante no es que todas las familias tengan que elegir la misma solución, sino que puedan volver a tomar decisiones sobre una vivienda que lleva tiempo parada.
Además, mantener una vivienda bloqueada durante años tampoco es una situación neutra. La vivienda sigue generando gastos, puede deteriorarse y cada vez puede resultar más difícil y costoso ponerla en condiciones de uso. Pero, sobre todo, permanece sin cumplir ninguna función cuando podría estar dando respuesta a una necesidad de vivienda en el municipio.
Una herencia no tiene por qué dejar una vivienda bloqueada. Desbloquear una situación entre varios propietarios no significa que todos tengan que pensar igual ni renunciar a sus intereses. Significa encontrar una vía para avanzar que tenga en cuenta las distintas posiciones y permita tomar una decisión. Y cuando eso ocurre, una vivienda que llevaba años cerrada vuelve a tener posibilidades: puede ser habitada, alquilarse o venderse y, de una forma u otra, volver a formar parte del futuro de Herrera.
Apúntate a nuestra Lanzadera de Vivienda y conoce las posibilidades que existen para tu casa vacía, cerrada o infrautilizada.