Un viaje al corazón de Territorio BIC

Descubre por qué Herrera de Pisuerga es un referente del patrimonio en Palencia. Un viaje desde la antigua ciudad Pisoraca romana hasta su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC).
Herrera de Pisuerga es una localidad palentina que alberga huellas históricas que le han valido el reconocimiento como Territorio BIC (Bien de Interés Cultural). Situada en una zona de transición entre las llanuras de Tierra de Campos y las cumbres de la cordillera cantábrica, esta ciudad, enclave estratégico, se alza sobre un cerro que ha sido testigo de asentamientos humanos desde tiempos prehistóricos.

La importancia de Herrera radica en su ubicación. Bañada por los ríos Pisuerga y Burejo, y atravesada por las aguas del Canal de Castilla, la ciudad ha servido históricamente como la puerta de entrada a la Montaña Palentina. Desde el emblemático «Alto del Castillo», se puede contemplar la inmensidad de la vega y, hacia el norte, las montañas de los Picos de Europa. Esta posición no pasó desapercibida para las legiones romanas, que vieron en este lugar el punto perfecto para controlar las rutas hacia el norte peninsular.

El nacimiento de Pisoraca

Hacia el siglo III a.C., se estableció el asentamiento indígena de Pisoraca. Sin embargo, el momento de mayor esplendor llegó con la conquista romana. Durante las Guerras Cántabras, bajo el mando del emperador Augusto, Herrera se convirtió en el cuartel general de la Legio IIII Macedónica. Esta unidad militar fue la encargada de pacificar a los pueblos cántabros y asegurar la influencia de Roma en la zona.

Los vestigios arqueológicos hallados en el casco urbano son hoy el pilar de su patrimonio, permitiéndonos reconstruir cómo era la vida en una de las guarniciones más importantes del norte de Hispania.

Herrera desde el cielo foto aérea
Foto de la ciudad de Herrera a vista de pájaro

Evolución hacia la Ciudad Moderna

A través de los siglos, Herrera ha sabido transformar su legado. Desde la presencia visigoda hasta la época medieval, donde se construyeron el Castillo y sus murallas con cuatro puertas emblemáticas. El paso de los siglos trajo la protección de la familia Fernández de Velasco, señores de la villa desde 1379, quienes impulsaron la devoción a la Virgen de la Piedad y la construcción de edificios religiosos clave.

La modernidad llegó de la mano de la reina María Cristina, quien en 1902 otorgó a Herrera el título de Ciudad. Hoy, la integración de sus yacimientos arqueológicos, sus monumentos civiles y la ingeniería del Canal de Castilla conforman un conjunto patrimonial que justifica con creces su doble denominación como Territorio BIC.