Fundada por Julio César, la legión obtuvo su sobrenombre tras sus victorias en Grecia. Sin embargo, su destino definitivo se selló en el norte de Hispania. Bajo las órdenes de Octavio Augusto, la Legio IIII estableció su campamento estable en Pisoraca debido a su posición estratégica: era el punto perfecto para controlar los suministros que subían desde la meseta hacia el frente de guerra en las montañas.
El campamento: Una ciudad en miniatura
El impacto arqueológico de la legión en Herrera es masivo. Los hallazgos demuestran que el campamento no era una simple estructura temporal. Contaba con:
- Defensas sólidas: Murallas y fosos que delimitaban el perímetro militar.
- Infraestructuras avanzadas: Sistemas de alcantarillado y suministro de agua que asombraron a las poblaciones indígenas.
- Vida económica: La presencia de 5.000 legionarios atrajo a comerciantes, artesanos y familias, creando los canabae o asentamientos civiles extramuros.
El fin de una era y su legado BIC
Hacia el año 40 d.C., la legión partió hacia tierras germanas (Maguncia), pero Pisoraca no murió. Se transformó en un núcleo civil donde la herencia militar quedó grabada en el trazado de sus calles. Hoy, gracias a las excavaciones y al esfuerzo de difusión de Territorio BIC, podemos entender que el rigor y la disciplina macedónica son la primera piedra de la historia de Herrera.