Memoria bajo la tierra de Villabermudo: hallan la fosa de 6 vecinos de Alar del Rey

El trabajo coordinado de la CRMH de Burgos y la empresa Aditu Arkeologia, impulsa la exhumación, en Villabermudo, de los restos de seis vecinos de Alar del Rey, asesinados durante la Guerra Civil. Conoce los detalles de los hallazgos y el proceso de identificación por ADN.
Un equipo arqueológico ha localizado y comenzado la exhumación de los restos de seis vecinos de Alar del Rey víctimas de la represión en la Guerra Civil Española, enterrados en una parcela de Villabermudo. El hallazgo, promovido por la Coordinadora Provincial por la Recuperación de la Memoria Histórica de Burgos, tras la petición de sus descendientes, revela un sepulcro dispuesto con cuidado por los propios vecinos del pueblo y abre ahora la fase clave de laboratorio, para su identificación mediante pruebas de ADN.

La Coordinadora Provincial para la Recuperación de la Memoria Histórica (CRMH) de Burgos, ha impulsado una intervención arqueológica que ha permitido localizar y exhumar los restos de seis vecinos de Alar del Rey, asesinados y enterrados clandestinamente durante la Guerra Civil Española. Los trabajos, que se desarrollan en una parcela de Villabermudo, avanzan a gran velocidad, gracias a la bonanza meteorológica, y se prevé que concluyan los procesos de extracción y documentación en estos días de principios de noviembre.

Las claves que condujeron hasta esta fosa hunden sus raíces en las investigaciones de la CRMH de Burgos. Hace aproximadamente dos años, mientras la entidad intervenía en un enterramiento en la localidad de Villela, la propietaria de aquellos terrenos puso a los investigadores tras la pista de una posible fosa en Villabermudo, cuya existencia conocía por el testimonio directo de su madre y su abuela.

A partir de esa revelación, comenzó un proceso de indagación histórica. Según los datos reunidos, varios vecinos fueron detenidos en Alar del Rey por su afinidad a la izquierda y «paseados» hasta las inmediaciones de Villabermudo, donde fueron ejecutados. Entre las víctimas se encontraba un hombre natural de Bárcena de Pie de Concha (Cantabria), padre de dos hijos.

La búsqueda formal se puso en marcha a raíz de la petición expresa de una nieta que sospechaba que su abuelo yacía en este paraje. A medida que avanzaban las indagaciones, otros familiares contactaron con la coordinadora al considerar que allí también podían encontrarse los restos de un abuelo y un hijo de este.

Soledad Benito, presidenta de la CRMH de Burgos, destaca la importancia de sacar a la luz estos hechos guardados en el ámbito privado: «Es un momento de alegría, porque poder encontrarles y sacarles de donde nunca tenían que haber estado es muy importante. Las cosas se saben, lo que pasa es que muchas veces no se habla de ellas ni se comentan».

Prospecciones iniciales en septiembre

Tras tramitar las autorizaciones pertinentes con los propietarios de los terrenos, un equipo de prospección integrado por ocho personas inició las labores sobre el terreno el pasado 7 de septiembre. En apenas 24 horas, las catas confirmaron la presencia de los primeros restos óseos, lo que llevó a paralizar momentáneamente los trabajos pesados para dar paso a la intervención arqueológica oficial.

Aquellos primeros hallazgos de septiembre ya dejaron al descubierto el patrón del enterramiento: los cuerpos no habían sido arrojados de forma caótica, sino alineados de manera cuidadosa, lo que confirmó desde el inicio la hipótesis de que vecinos de la zona excavaron la fosa e introdujeron los cadáveres tras los fusilamientos.

Un enterramiento ordenado y respetuoso

Actualmente, los trabajos de campo están siendo ejecutados por un equipo de tres arqueólogos de la empresa vasca Aditu Arkeologia, dirigidos por Fran Valle de Tarazaga. Durante la excavación se ha constatado con precisión la disposición de los seis cuerpos: se encuentran colocados de manera muy ordenada —tres orientados hacia el norte y los otros tres hacia el sur—.

Esta disposición indica que la fosa se cavó con posterioridad a las muertes y que personas del pueblo se encargaron de depositar los cadáveres. Según los testimonios recopilados, los ejecutores exigieron a vecinos de la zona identificados con la izquierda que acudieran a enterrar a las víctimas. «Es una fosa relativamente sencilla porque se excavó después de muertos y quienes los enterraron los colocaron con mucho más respeto», subraya el arqueólogo.

El valor del trabajo de campo: tejer la memoria a través de la palabra

Cada fosa localizada y cada nombre lleva detrás un meticuloso trabajo invisible a efectos técnicos, pero indispensable. En este ámbito desempeña un papel fundamental José Alonso, responsable de recabar los hilos conductores, testimonios y datos que permiten trazar el camino hasta las historias reales de la Memoria Histórica.

Su labor consiste en patear el territorio, adentrarse en los pueblos y entablar diálogo constante con vecinos, familiares, lugareños y ancianos del lugar. Es un trabajo de escucha activa y de paciencia, que busca rescatar aquello que durante décadas permaneció sin respuesta. Como subraya la coordinadora, la información real sobre dónde yacen las víctimas suele flotar en el sustrato de la memoria colectiva —«las cosas se saben, lo que pasa es que muchas veces no se habla de ellas ni se comentan»—, y la labor de campo se convierte en la única herramienta capaz de acotar con precisión milimétrica las investigaciones, antes de que los testimonios directos se pierdan para siempre.

Siguientes fases: análisis antropológico y pruebas de ADN

A lo largo de las jornadas se han recuperado también elementos asociados a las víctimas, tales como botones y remaches, lo que corrobora que fueron sepultados vestidos con ropa de civil.

Una vez finalizada la extracción de los esqueletos, el proceso continuará en el laboratorio con un riguroso estudio antropológico. Esta fase permitirá examinar de manera detallada los impactos de bala, posibles lesiones previas (como una cojera o marcas óseas conocidas por las familias) y esclarecer el contexto forense de las muertes.

El paso definitivo para devolverles la identidad será el cotejo genético del ADN extraído de los restos óseos con las muestras facilitadas por los familiares descendientes. Al tratarse de ejecuciones extrajudiciales carentes de registros oficiales, la investigación se apoya de manera fundamental en la memoria oral, los archivos familiares y la ciencia forense para culminar esta labor de reparación histórica.

La devolución a la comunidad: divulgación y memoria compartida

El trabajo de la CRMH no concluye con la extracción científica de los restos, ni con las pruebas de laboratorio; abarca un compromiso fundamental con la divulgación y la reparación social. Una vez cerradas las investigaciones, analizados los datos y contrastadas las identidades, la entidad impulsa un espacio de encuentro, que suele celebrarse en los propios municipios o pedanías donde se han producido los hallazgos.

En estas convocatorias abiertas, destinadas a familiares, lugareños, vecinos e interesados, el equipo desarrollador e investigador expone de primera mano todo el proceso: cómo se gestaron las pesquisas, los hallazgos materiales, las hipótesis barajadas y los nombres de las víctimas recuperadas. Es un acto de restitución pública y pedagógica que convierte la ciencia forense y la historia local en un bien común.