¿Viajamos por la Historia de Herrera de Pisuerga?

Hacemos un pequeño repaso sobre los principales momentos históricos de nuestro municipio, para entender su patrimonio y esencia actual. ¡Acompáñanos!
Desde las remotas terrazas fluviales donde cazaban los neandertales, hasta el esplendor de las legiones romanas, la opulencia renacentista y la ingeniería ilustrada del Canal de Castilla, Herrera de Pisuerga se erige como un auténtico cruce de caminos del Norte Palentino. Hacemos un recorrido por las épocas, acontecimientos y personajes que han moldeado la identidad de esta histórica ciudad, a orillas del Pisuerga y del Burejo.

Situada en una estratégica área de transición entre las llanuras de Tierra de Campos y el sur de la Cordillera Cantábrica, Herrera de Pisuerga se alza flanqueada por los ríos Pisuerga y Burejo. Su territorio encierra una profunda riqueza histórica que abarca desde los albores de la humanidad hasta la modernidad industrial.

La Prehistoria: Las huellas de los primeros pobladores en el paisaje

Del Paleolítico Inferior a las glaciaciones

Durante el Cuaternario, las condiciones climáticas extremas remodelaron el relieve peninsular mediante fases glaciares e interglaciares. Los grupos humanos más antiguos (Homo sapiens neanderthalensis) encontraron en las terrazas cuaternarias —divisadas hoy desde el Mirador Duque de Frías, cerca de la plaza de toros— un enclave ideal para asentarse.

La microfauna recuperada en la zona actúa como un termómetro ecológico: la presencia de roedores fríos como el lemming, el ratón nórdico, la marmota o el hámster delata periodos de estepa fría, mientras que el puercoespín señala ambientes templados. Estos grupos compartieron el territorio con mamuts, rinocerontes lanudos, renos, uros y caballos, así como con grandes depredadores como el oso pardo, el lobo y el lince. Tecnológicamente, desarrollaron industrias rudimentarias pero eficaces asociadas al Achelense Superior y al Musteriense (bifaces de cuarcita, raederas y hendedores mediante la técnica Levallois), que muestran las rutas de tránsito entre León, Burgos y la cordillera Cantábrica.

La revolución del Calcolítico y la Edad del Bronce

Entre el 3.200 y el 2.500 a. C. (Calcolítico o Edad del Cobre), el entorno experimentó un poblamiento más recurrente con restos de cabañas, desarrollo de la agricultura de cereales (trigo y farro molidos con piedras barquiformes) y la domesticación progresiva de animales de tiro, como bueyes y caballos, junto a ovejas y cabras. En la vecina localidad de Villabermudo se documenta un complejo megalítico de enterramientos colectivos bajo túmulos.

Posteriormente, la Edad del Bronce (hacia el 2000 a. C.) trajo consigo la metalurgia de la aleación de cobre y estaño, introduciendo armas y herramientas más resistentes como espadas, puñales, alabardas y hachas planas de filo curvo.

La Segunda Edad del Hierro y el enigma de Pisoraca

Hacia el siglo V a. C., la región del valle del Duero estaba habitada por los turmogos, un pueblo de filiación céltica que ocupaba el centro-occidente de Burgos y el este de Palencia. Vivían rodeados por cántabros, autrigones, vacceos y pelendones, practicando una economía cerealista y ganadera con uso generalizado del torno alfarero.

En las fuentes clásicas, Ptolomeo menciona a mediados del siglo II d. C. una ciudad de los murbogos llamada Sisaraca o Pisoraca, emplazada en las inmediaciones de la actual Herrera y en la frontera con los vacceos. Resulta un dato muy curioso que un enclave geopolítico tan relevante y de paso obligado durante las Guerras Cántabras (29-19 a. C.) no aparezca citado explícitamente por autores clásicos como Estrabón, Mela o Plinio.

Roma en Herrera: El corazón militar de Pisoraca

Campamentos de legiones y tropas auxiliares

Tras la conclusión de las Guerras Cántabras (19 a. C.), la Legio IIII Macedonica (compuesta por unos 5.300 soldados) se instaló directamente en el solar del actual casco histórico de Herrera de Pisuerga, donde permaneció hasta el año 39 d. C., momento en que partió hacia Germania. Las instalaciones militares evolucionaron desde estructuras perecederas de madera y tierra hasta su progresiva «petrificación» en piedra y ladrillo. Posteriormente, el sitio fue ocupado por cuerpos auxiliares como el Ala Parthorum (caballería) y la Cohors I Gallica.

La presencia militar generó un vasto territorio de control (prata legionis) delimitado por mojones o términos augustales que abarcaban unos 35 km entre Iuliobriga (Cantabria) y Segisamo (Sasamón), cuyas comunicaciones se estructuraban mediante calzadas jalonadas con miliarios de las épocas de Tiberio y Nerón. Además de la ganadería y agricultura locales, la dieta romana se complementó con la importación de productos marinos de la costa (ostras, mejillones y berberechos).

El alfarero Lucius Terentius y la industria local

Para abastecer a la legión, surgió una notable producción artesanal local. Destaca la figura del alfarero Lucius Terentius, cuyos platos y cuencos firmados como L. TEREN. L. IIII MAC. imitaban la vajilla de lujo importada (Terra Sigillata Itálica). Asimismo, en el sureste del casco urbano se ha documentado el Horno de la Jericó, una estructura de adobes destinada a la cocción cerámica en el siglo I.

Comercio global y la Tessera Hospitalis

  • Importaciones de lujo: El campamento consumía productos de lugares tan remotos como la toscana Arezzo, talleres galos, vidrios de la Campania y de Oriente Medio (millefiori), así como lucernas con relieves de gladiadores. Es destacable la práctica común en campamentos romanos de partir monedas por la mitad para usarlas como moneda fraccionaria.

  • La Tessera Hospitalis: A orillas del río Burejo se descubrió una lámina de bronce con forma de cerdo o jabalí ($12\times8$ cm) fechada en el año 14 d. C. Se trata de un pacto formal de hospitalidad y clientela entre un ciudadano de la ciudad de Cosabura y los Maggavienses, redactado bajo estrictos protocolos y magistrados romanos, lo que evidencia el profundo proceso de romanización local.

Época Visigoda: La necrópolis de los siglos VI y VII

Mucho antes de la caída oficial del Imperio Romano, el declive político transformó la fisonomía de los asentamientos. En Herrera, la principal huella visigoda procede de su necrópolis, localizada al sur de la ciudad (en la zona de la actual estación de autobuses y ermita de Nuestra Señora), lo que demuestra cómo los cementerios comenzaron a compartir espacio con las zonas habitadas.

Excavada a principios de los años 30 del siglo XX, la necrópolis proporcionó 52 enterramientos en fosas de tierra con atajos de madera y cabeceras señalizadas con cantos rodados. Los difuntos portaban ajuares de un nivel socioeconómico altísimo, comparables a los de las grandes necrópolis segovianas de Duratón o Castiltierra: fíbulas aquiliformes y digitadas, broches de cinturón damasquinados, collares con cuentas de ámbar y pasta vítrea en los ajuares femeninos, y armas, cuchillos y punzones en los masculinos.

La Edad Media: El nacimiento de Herrera y su ordenación señorial

Repoblación y origen del nombre

Bajo el impulso del rey Fruela II (924-929) y los Condes de Liébana, se puso en marcha la repoblación cristiana para asegurar el control del territorio. Los emplazamientos en altura fueron abandonados en favor de los valles fluviales, documentándose Herrera y su alfoz por primera vez en 1092 bajo el dominio del linaje de los Lara.

El topónimo Herrera (o Herreruela) genera diversas hipótesis sobre su procedencia, vinculándose bien a un patronímico de estirpe leonesa o bien de forma más localista a Zarzosa del Río Pisuerga. En 1184, el rey Alfonso VIII otorgó el Fuero a la villa, unificando los términos desde la Torre de Bur hasta la desembocadura del Burejo.

Urbanismo defensivo y arte circundante

  • La villa amurallada: La población se organizó intramuros protegida por una cerca y cuatro puertas principales, coronada hacia 1217 con la construcción de un Castillo que más tarde pertenecería a la familia Fernández de Velasco.

  • Las Cuatro Esquinas: Este emblemático punto de la villa coincide exactamente con el cruce de las dos arterias principales del campamento romano (cardus y decumanus) y, al mismo tiempo, con el trazado histórico del Camino Real Palencia-Santander.

  • Patrimonio románico y gótico: En el entorno inmediato destacan joyas del románico como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Villabermudo (siglo XII) o la de San Lorenzo en Zorita del Páramo, además del templo gótico de San Martín en Naveros de Pisuerga y la iglesia fortificada de San Miguel en Ventosa de Pisuerga.

La Edad Moderna: Esplendor, arquitectura y visitas reales

Durante el siglo XVI, la villa consolidó su estructura monumental. A instancias del duque de Frías y Condestable de Castilla, D. Pedro Fernández de Velasco, se construyó hacia 1534 la Puerta Nueva, decorada con el escudo ducal y el collar del Toisón de Oro. También destacaba la Puerta de Aguilar (ordenada en 1522), cuyo torreón adosado funcionaba como cárcel y disponía de un humilladero cercano para que los presos pudieran asistir a misa. Hoy en día, esta puerta se halla reubicada en el parque municipal.

  • Estancias de Carlos V: La tradición histórica señala que el emperador Carlos V pernoctó en la Casa-Palacio de los Velasco en 1517 y nuevamente en 1522 a su regreso de Alemania. En esta última visita falleció uno de sus acompañantes más ilustres, D. Pedro Ruiz de la Mota, obispo de Palencia, sepultado en el convento de San Bernardino.

  • Economía y medio ambiente: La vida municipal giraba en torno a los gremios artesanales, las tenerías de pieles y los molinos fluviales. Para cuidar el entorno, las ordenanzas municipales del siglo XVI obligaron rigurosamente a los vecinos a plantar masivas hileras de olmos, álamos, sauces, fresnos y árboles frutales en las riberas de los ríos Pisuerga y Burejo.

El Desarrollo Contemporáneo: El Canal de Castilla, el tren y el título de Ciudad

El Canal de Castilla y la ingeniería del Setecientos

Concebido como una colosal arteria de comunicación y transporte rápido de mercancías de Tierra de Campos hacia el puerto de Santander, el Canal de Castilla (construido entre 1753 y 1849) dejó una huella incalculable en el municipio. El término municipal de Herrera abarca elementos tan singulares como 9 esclusas (de la número 4 a la 13), viviendas de escluseros, batanes, molinos y fábricas harineras y de papel.

En el entorno de la Presa de San Andrés se localiza el Centro de Interpretación del Canal y el histórico pilar de sillería de la maroma, diseñado para asegurar el cruce y la sujeción de las barcazas de mercancías de orilla a orilla.

La llegada del ferrocarril y el Título de Ciudad (1902)

A mediados del siglo XIX, la inauguración de los trayectos ferroviarios Alar del Rey-Santander (1851) y Venta de Baños-Alar del Rey (1856) potenció extraordinariamente la economía cerealista de la zona, permitiendo que el trigo castellano compitiera en mercados internacionales tan lejanos como el de Londres.

En atención a este importante despegue comercial, industrial y demográfico, la reina regente Dª María Cristina de Habsburgo-Lorena concedió oficialmente a la villa el título honorífico de ciudad el 29 de abril de 1902.

El trágico final del Castillo y el perfil cultural actual

Uno de los episodios más trágicos para el patrimonio local fue el progresivo abandono y derribo del castillo medieval a mediados del siglo XX, cuyos sillares originales se reutilizaron para construir la Plaza de Ganado y la Plaza de Toros (inaugurada en 1952).

A pesar de estas pérdidas, el municipio supo reinventarse y poner en valor su identidad. Prueba de ello son la declaración de su casco histórico como Bien de Interés Cultural (1990), la apertura del Aula de Arqueología, el Centro de Interpretación del Cangrejo y la consagración de su emblemático Festival del Cangrejo de Río, celebrado ininterrumpidamente desde 1972 y declarado Fiesta de Interés Turístico Regional.

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